La unidad japonesa 731



Mas sobre la crueldad humana. La unidad 731, fue un programa de investigación y desarrollo encubierto sobre armas biológicas del Ejército Imperial Japonés, que emprendió letales experimentos sobre humanos durante la Segunda Guerra Chino-japonesa (1937-1945) y la Segunda Guerra Mundial. Fue responsable de algunos de los más conspicuos crímenes de guerra cometidos por militares nipones.

Creación y actividades

Luego del término de la Primera Guerra Mundial, allá por 1918, los médicos de ejército japonés comenzaron a estudiar los productos químicos y biológicos usados durante los combates en Europa. Se formó un grupo de 40 científicos dirigidos por el doctor Ito y controlados por el Comandante Terunobu Hasebe. Ellos vieron que podían realizar armas químicas para producir devastaciones masivas en los ejércitos enemigos, pero el ejército en ese tiempo era muy cauteloso, pero todo esto iba a cambiar luego.

En 1932, el general Shiro Ishii fue puesto al mando del Laboratorio de Investigación del Ejército sobre Prevención Epidémica. Él y sus hombres construyeron el campo de prisioneros Zhong Ma (cuyo edificio principal fue conocido a nivel local como la Fortaleza Zhongma), una prisión experimental ubicada en el poblado Bei-inho, a 100 kilómetros al sur de Harbin. Las vías ferroviarias manchúes, fueron colocadas para el transporte de materiales y equipamiento. Ishii organizó al grupo secreto de investigación "Unidad Togo", para la coordinación de estudios químicos y biológicos. En 1935, una fuga de reos y más tarde una explosión (presunto ataque), obligó a Ishii a suspender las operaciones de la Fortaleza Zhongma. Posteriormente Ishii, se trasladó a Pingfang, aproximadamente a 24 kilómetros al sur de Harbin, para instalar un complejo nuevo, mucho más grande.

Pero veamos quien fue Shiro. Ishii Shiro se graduó en la Universidad de Kyoto en 1920, e inmediatamente entró en el ejército. En 1924, volvió a la Universidad de Kyoto para cursar estudios especializados, casándose con la hija de Torasaburo Akira presidente de la universidad, doctorándose en 1927. Un año después fue enviado a Europa con el cargo de agregado militar, viajando durante dos años en diversas ocasiones a América, familiarizándose con las investigaciones biológicas de los países Occidentales. A su regreso a Japón se consagró a promover, investigación y fabricar armas biológicas. Su teoría se basaba en que la guerra moderna sólo podría ser ganada con el uso de la ciencia y su capacidad para producir armas de destrucción masiva.

Ishii Shiro


Un hecho fortuito ayudó a implantar las teorías de Ishii. Tras su regreso de Europa, un tipo de meningitis hizo erupción en Shikoku. Ishii diseñó un filtro de agua especial que ayudó a parar la expansión de la enfermedad. Su capacidad como bacteriólogo comenzó a ser famosa, sobre todo en el ejército, donde presentó la epidemia como una muestra del resultado que podían dar sus armas científicas.

Las armas biológicas industriales resultaban ideales para su país cuyos recursos naturales eran muy pobres. En plena carrera armamentística, poco importó su falta de moralidad, Ishii encontró partidarios poderosos de sus ideas en el ejército: el Coronel Tetsuzan Nagata, jefe de asuntos militares; el Coronel Yoriniichi Suzuki, jefe de lST, la sección táctica del Estado Mayor del Ejército Imperial; el Coronel Ryuiji Kajitsuka jefe de buró médico del ejército; y el Coronel Chikahiko Koizumi, cirujano jefe del Ejército. El apoyo definitivo vino de la mano del Ministro del Ejército Sadao Araki líder de la facción fundamentalista del ejército "proceder imperial".

El 18 de septiembre de 1931, Japón ocupó el todo del nordeste de China. Ishii y su unidad para investigación bacteriológica se estableció al norte de Manchuria, en donde el ejército de Kuantung podía mantener un suministro ilimitado de prisioneros chinos para realizar toda clase de experimentos humanos.

Al final de agosto, 1932, Ishii llevó un grupo de 10 científicos de la Universidad Médica del Ejército hacer una gira de Manchuria y regresó con la decisión para asentar definitivamente su centro de investigaciones en un lugar cerca del rió Peiyin a 20 kilómetros sur de Harbin. El centro se inauguró a finales de 1932 bajo el nombre de Unidad de Kamo o Unidad de Togo. Ishii fue promovido a coronel y recibió un presupuesto de 200.000 yens.



En 1936 se establecieron definitivamente dos unidades por orden de Emperador Hirohito: una era la unidad de Ishii bajo el nombre de "Prevención Epidémica y Sección de purificación de Agua del Ejército de Kuantung" (el nombre no se cambió a Unidad 731 hasta las 1941), que fue trasladada a una nueva base en Pingfan a 20 kilómetros al sudoeste de Harbin. La segunda fue la Unidad de Yujiro Wakamatsu (después cambió a Unidad 100) estableciéndose en Mengchiatun, cerca de Changchun, con el nombre de “Sección de Prevención de la Enfermedad Veterinaria del Ejército de Kuantung”. En junio de 1938, la Unidad 731 tuvo lista su base de Pingfang que ocupaba un área de 32 kilómetros cuadrados ocupada por 3.000 personas entre científicos y técnicos.

En la campaña del 13 de agosto de 1937, y ante la atenta mirada de las armadas occidentales, el ejército japonés usó gas venenoso contra las tropas chinas. Antes de entrar en guerra contra los aliados Japón usó por lo menos en cinco ocasiones productos de guerra bacteriológica en China, intentando producir epidemias y plagas: el 4 de octubre de 1940 un avión japonés dejó caer bacterias en Chuhsien, provincia de Chechiang, causando la muerte de 21 personas; el 29 del mismo mes otro avión japonés lanzó bacterias sobre Ningpo, igualmente en Chechiang, matando a 99 personas; el 28 de noviembre del mismo año, los aliados se enteraron de que aviones japoneses habían dejado caer gérmenes en Chinhua pero no produjeron víctimas; en enero 1941 Japón extendió gérmenes en Suiyuan y Shansi causando erupciones epidémicas de cierta consideración.



Estados Unidos, ante estos resultados no tomó el programa biológico japonés en serio, posiblemente porque Japón estaba muy lejos y no podría lanzar un ataque masivo contra el continente americano. Los informes de la época, sorpresivamente, también afirman que los militares estadounidenses creían que los japoneses serían incapaces de desarrollar sofisticadas armas biológicas sin la ayuda de “hombres blancos”. En agosto 1942, el periódico médico Rocky Mountain publicó un largo artículo con el título "Pruebas de guerra de gérmenes japonesas contra chinos” asombrando a los desprevenidos americanos.

Entre el gran número de prisioneros japoneses capturados en el Pacífico Sur se habían localizados a médicos especializados en la guerra de destrucción masiva. Se averiguó que Japón sólo les había dejado saber lo que les convenía antes de entrar en guerra. Su programa se encontraba mucho más avanzado de lo que jamás habían sospechado. Los americanos se enteraron entonces que Tokio era el centro para la experimentación biológica y por primera vez surgió el nombre de Ishii Shiro como precursor de la guerra biológica japonesa con su unidad camuflada como especialistas en prevención epidémica tras la oficina principal de purificación de agua a Harbin. De pronto, el tamaño de Unidad 731 y sus bombas de gérmenes y virus resultaron un peligro real.

La enorme distancia que separaba a Japón de Estados Unidos parecía su protección más segura, pero los japoneses habían ideado un sistema increíblemente sencillo y barato de alcanzar el continente enemigo. Varios sumergibles nipones ya habían lanzado globos con cargas incendiarias sobre las costas de Estados Unidos y Canadá. Los aliados los consideraban como un arma ridícula que no obtenía ningún resultado, sólo producía pequeños incendios. Aquellos incendios eran observados desde los sumergibles anotándose el éxito o el fracaso de alcanzar la costa, de tal modo que Ishii y sus hombres pudieran calcular la cantidad de globos que se debían lanzar con armas biológicas para que pese a los fallos su resultado fuera letal. Los globos “Fugo” resultaron un peligro inesperado.

Sólo una semana después de Japón se rindió, el coronel Sanders se encontraba entre el primer grupo de americanos que aterrizó en Japón. Su misión era localizar la máquina de guerra biológica japonesa y al propio Ishii lo más pronto posible. En los siguientes tres meses, Sanders interrogó a muchos miembros militares y científicos de Unidad 731, entre ellos a Yoshijiro Umezu, Jefe del Personal del Ejército de Kuantung, al Comandante en Jefe del Ejército, el diputado coronel Tomosa Masuda, al especialista Jun'ichi Kaneko, pero no el propio Ishii que siempre se le escapaba de las manos.



En septiembre de 1945, Sanders descubrió que la Unidad 731 estaba envuelta en horrorosos experimentos con humanos. Informado el general MacArthur de las increíbles torturas y suplicios por los que habían pasado, no sólo los presos chinos, sino los propios americanos contestó: "Necesitamos más evidencias. Simplemente no podemos actuar sin más. Siga yendo. Haga más preguntas. Y quédese callado sobre todo esto".

Sanders estuvo sólo diez semanas en Japón pues comenzó a sentirse enfermo. Se trataba de una tuberculosis que tardó en curar dos años. La segunda fase de investigación fue realizada por el teniente coronel Arvo T. Thompson, un veterinario.

Cuando Coronel Thompson llegó a Japón, el Tribunal Militar Internacional para el Este Lejano apenas había comenzado sus juicios sobre los criminales de guerra japoneses. Por fin fue localizado Ishii Shiro. Intentando ocultarlo a los soviéticos se le declaró muerto, se publicó la noticia en los periódicos y se simuló un entierro en su pueblo natal. El interrogatorio de Ishii duró desde 17 de enero al 25 de febrero de 1946.

Ishii cambió sus conocimientos no sólo por su indulto y el de sus hombres; también por que fuera borrado por completo su historial y pudiera llevar una vida normal. Shiro Ishii tras su estancia en Estados Unidos volvió al Japón recibiendo los máximos honores. Murió en 1959 de un cáncer en la garganta tras haber sido gobernador de Tokio, presidente de la Asociación Médica y del Comité Olímpico del Japón en la posguerra.

Aquella protección a unos científicos que causaron el sufrimiento y el dolor sin el menor remordimiento repelió a muchos de los americanos que intervinieron en su protección y ocultamiento. El coronel Thompson terminó suicidándose y el general MacArthur se manifestó en contra de aquella actuación de su gobierno y fue retirado de la misión por petición propia.

Experimentos con seres humanos similares a los realizados por el grupo de Ishii, se habían condenado como crímenes de guerra por el Tribunal Militar Internacional en el juicio contra los criminales de guerra nazis, comenzado en Nüremberg el 30 de septiembre de 1946. Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos perdonó a los científicos japoneses a cambio de sus secretos en la guerra bacteriológica amparándose en la excusa de que se aproximaba un posible enfrentamiento con la Unión Soviética.

Experimentos realizados por la unidad 731



Disección de personas vivas para experimentos de laboratorio y en ocasiones asesinados simplemente para documentar la muerte. El número de personas utilizado para este fin iba de las 400 a las 600 cada año.

A partir de la segunda mitad de 1940, las tropas agresoras japonesas empezaron el uso a gran escala de armas bacteriológicas, y desencadenaron todo tipo de enfermedades infecciosas como el cólera, el tifus, la pestilencia, ántrax, difteria y bacteria de la disentería.

Congelaban a los prisioneros y los sometían a técnicas de deshidratación severas y documentaban la agonía.

Los exponían a bombas para aprender a curar a los heridos japoneses. Bombardearon poblados y ciudades chinas con pulgas infectadas y dieron a los niños golosinas con ántrax. Después entraban para comprobar los daños a la población y se llevaban enfermos todavía vivos para abrirlos y perfeccionar el arma.

Contaminaron las fuentes de agua.

Algunos de los experimentos llevados a cabo allí incluían inyectar a los sujetos con bacteria causantes de la peste bubónica producidas en moscas infectadas, para luego registrar la evolución de la enfermedad e incluso disecarlos en estado consciente.

Los japoneses no dejaron nada sin probar: hongos, fiebre amarilla, tularemia, hepatitis, gangrena gaseosa, tétano, cólera, disentería, fiebre escarlata, ántrax, muermo, encefalitis de las garrapatas, fiebre hemorrágica, difteria, neumonía, meningitis cerebroespinal, enfermedades venéreas, peste bubónica, tifus, tuberculosis y otras endémicas de China y Manchuria. Realizaron pruebas con cianuro, arsénico, heroína, con veneno de serpientes y de pez erizo. En este programa murieron más de 10.000 personas.

Algunos murieron como consecuencia de las investigaciones. Otros fueron ejecutados cuando quedaron tan débiles que no podían continuar en la Unidad 731 y en otros tantos puntos se hicieron tests con insectos, y todo tipo de gérmenes. Se probaba la resistencia humana al botulismo, ántrax, brucelosis, cólera, disentería, fiebre hemorrágica, sífilis y también la resistencia a los rayos X.

La inmunidad, los juicios de Tokio y los juicios soviéticos

En el final de la guerra, el general Douglas McArthur concedió secretamente inmunidad a los médicos del escuadrón 731, a cambio de proveer a los Estados Unidos su investigación sobre la guerra biológica. Los Estados Unidos creían que los datos de la investigación tenían valor porque los aliados nunca procedieron o indultaron públicamente tales experimentos en los seres humanos, debido a la aversión moral y política. Los E.E.U.U. tampoco desearon que otras naciones, como la Unión Soviética, adquirieran los datos sobre armas biológicas, sin mencionar las ventajas militares de tal investigación.

El Tribunal de los crímenes de guerra de Tokio se había enterado solamente de una referencia sobre los experimentos japoneses con los “sueros venenosos” en civiles chinos. Esto ocurrió en agosto de 1946 y fue denunciado por David Sutton, ayudante del fiscal chino.

El consejero japonés de defensa Michael Levin, argumentó que la acusación fue vaga y sin corroboración, siendo anulada por el presidente del tribunal, William Webb, po la carencia de evidencias. El tema no fue investigado más allá por Sutton, que estaba probablemente enterado de las actividades del escuadrón 731. Su referencia a esto en el juicio, se cree que pudo haber sido accidental.

Aunque públicamente silenciado, en el incidente de los juicios de Tokio, la Unión Soviética le dio seguimiento al caso y procesó a doce líderes y científicos del escuadrón 731 y sus unidades filiales: el escuadrón 1644 en Nanjing, el escuadrón 100 en Changchun; todos en los juicios de Jabárovsk. Entre esos criminales de guerra se encontraban el general Otozoo Yamada, el comandante en jefe de un millón de soldados japoneses que ocupaban Manchuria.

Muchos prisioneros de guerra soviéticos capturados por Japón y civiles rusos, incluyendo mujeres y niños, fueron asesinados en experimentos químicos y biológicos del escuadrón 731, junto con chinos, coreanos, mongoles y cautivos de otras nacionalidades. El juicio de los autores japoneses que fueron capturados, fue llevado a cabo en la ciudad de Jabárovsk, en el Extremo Oriente ruso cerca de la frontera con China nordestal, en diciembre de 1949. Una transcripción parcial muy larga de los procedimientos del juicio, fue publicada en diversos lenguajes el año siguiente por una agencia periodística moscovita en idiomas extranjeros, incluyendo una edición en inglés: Materials on the Trial of Former Servicemen of the Japanese Army Charged with Manufacturing and Employing Bacteriological Weapons (Moscow: Foreign Languages Publishing House, 1950). Este libro sigue siendo un recurso invaluable para los historiadores sobre la organización y las actividades de los intentos de guerra biológica. Curiosamente, ninguna de las ediciones en idiomas extranjeros de este libro tenían algún dato sobre su número de tiraje - solamente la edición rusa dice que cerca de 50,000 copias fueron publicadas. El abogado que llevaba el caso en los juicios de Jabárovsk, fue Lev Smirnov, que había sido uno de los querellantes soviéticos de los juicios de Núremberg, contra los doctores nazis que habían cometido atrocidades humanas en experimentaciones similares en los campos de exterminio como Auschwitz y Dachau.

Los galenos y comandantes japoneses del ejército que habían perpetrado las atrocidades del escuadrón 731, recibieron sentencias de 2 a 25 años de reclusión en campamentos de trabajo de la corte de Jabárovsk.