Entrevista al actor Don Cheadle



El actor norteamericano habla sobre su último filme, "Traidor"

Parece un terrorista pero quizás no lo sea. Alguien le persigue pero nada es lo que parece. Intriga, acción, persecuciones, pero también política y terrorismo islámico. El actor Don Cheadle (Kansas City, 1964) preferiría que el espectador viera estos dos últimos conceptos como el paisaje en el que transcurre Traidor, el último filme que protagoniza y produce. Sin embargo, el hombre que personificó el dolor por el genocidio de Ruanda en el cine con Hotel Ruanda, aceptó participar en Traidor precisamente porque la obsesión por la seguridad de Occidente y la amenaza del terrorismo islámico es parte de la actualidad.

Protagoniza la película y también la produce. ¿Por qué decidió apostar por ella?

Porque cuando llegó la propuesta estaba muy candente el debate sobre la seguridad, el conflicto con el mundo árabe, los enfrentamientos religiosos, el concepto de los otros... y la película engloba muy bien todas estas preguntas en un personaje, Samir Horn [que él interpreta]. Nosotros vimos la posibilidad de utilizar este filme para presentar un problema que no es blanco o negro. Queríamos buscar un equilibrio porque los extremistas están a ambos lados, no sólo entre los terroristas, sino entre quienes los combaten.

El terrorismo ha tomado el relevo al comunismo como el malo de las películas. ¿Cree que Hollywood está abierto a plantear un debate más inteligente que el que se vivió en el cine durante la guerra fría?

Hollywood estará dispuesto a alimentar ese debate si esta película y otras similares ganan 100 millones de dólares. En Hollywood las cosas funcionan así, el dinero es lo que mueve las decisiones. El único color que realmente preocupa en esta industria es el verde.

O sea que no hay política en Hollywood, sólo dinero...

Claro que hay política, pero el dinero es más importante. La taquilla manda. Las audiencias dicen lo que quieren con dinero.

¿Es difícil como productor lanzar una película que seguramente le gustaría promocionar como un thriller de espionaje, pero que sin duda también va a ser vista como una reflexión sobre problemas actuales?

Yo no quiero ir al cine a que me den lecciones. Si está en el trasfondo, bien, pero no como punto de partida. Y creo que eso es lo que hemos hecho. Ante todo, Traidor es una película de acción. No es Paradise now [la película palestina sobre terroristas suicidas]. Aquí se trata más del conflicto interior del protagonista, de su deseo de servir a su país y al mismo tiempo a su dios.

¿Sería posible un Paradise now con dinero estadounidense?

Si alguien asegurara que va a ganar millones, seguro que sí.

¿Cree en el poder del cine para incitar a un país a la reflexión?

Sólo como subproducto. No creo que ése sea el trabajo del cine. La gente utiliza las películas como escape y entretenimiento. Yo, cuando escojo una película, intento que me dé también lo que yo busco como audiencia: la posibilidad de entretenerme y al mismo tiempo de discutir con un amigo sobre lo que he visto. Como productor hago lo mismo. ¿Por qué entretener a secas si además puedes hacer pensar?