Los aviones y las aves, una mezcla peligrosa



Cuando aviones y aves comparten vuelo.

La caída de un avión de pasajeros al río Hudson, en Nueva York, tras chocar con una bandada de aves ha puesto nuevamente en el tapete la difícil convivencia entre el hombre y la naturaleza. Los riesgos que suponen las aves son especialmente importantes en las épocas migratorias de los ejemplares más grandes.

Los gestores de los aeropuertos internacionales han optado por muy difrentes soluciones para evitar los problemas derivados de esta difícil convivencia. En España, un entonces joven naturalista y cetrero llamado Félix Rodríguez de la Fuente, fue contratado a finales de los años 60 por la base norteamericana de Torrejón de Ardoz para volar sus halcones peregrinos en las inmediaciones de las pistas y evitar así las posibles colisiones.

Aquel novedoso proyecto fue bautizado como Baharí, por el nombre que recibe la raza española de ese tipo de halcones. Y obtuvo un gran éxito que le llevó a poner en marcha Baharí II en 1970 en el aeropuerto de Barajas (Madrid).

Este tipo de intervenciones resultaron más efectivas que aquellas técnicas que consistían en trampear a las aves y alejarlas de las pistas, ya que éstas volvían rápidamente. En el caso de aves migratorias la cetrería mostraba todavía mejores resultados, porque los depredadores evitaban que los bandos atravesaran áreas de alta densidad de aviones.

La intervención de las aves en el incidente que el jueves puso en peligro la vida de 155 ocupantes del aparato fue confirmada después de que el Gobierno descartase que hubiese sido obra de terroristas.

Según miembros del sindicato de controladores de tráfico aéreo, el piloto del avión informó de "un doble golpe de aves" en la estructura del aparato un minuto después del despegue y añadió que se disponía a regresar.

Aves migratorias

Las aves involucradas habrían sido gansos o patos en pleno vuelo migratorio hacia el sur.
En la última transmisión, el control del vuelo ordenó al piloto que dirigiera al aeropuerto de Teterboro (Nueva Jersey) para realizar un descenso de emergencia. Segundos después, el aparato descendió guiado por el piloto sobre las gélidas aguas del río donde grupos de rescate acudieron para ayudar a los pasajeros y miembros de la tripulación.

Según Aviation Law, una organización dedicada a ayudar jurídicamente en casos de accidentes aéreos, existen al menos 33 causas que pueden concluir en la caída de un avión, sea deportivo o comercial. La lista está encabezada por la negligencia de los pilotos, fallos mecánicos, problemas de mantenimiento, incluyendo errores de los controles de tráfico aéreo. Y en el lugar número 29 de la lista publicada en internet está el peligro que representan las aves.

"Mucha gente no se da cuenta, pero las aves son una amenaza común para los aviones", según señala un portavoz. La organización cita datos de la Administración Federal de Aviación (FAA), según los cuales el peligro que representan las aves supone un coste para la aviación de EEUU de 480 millones de dólares anuales.

Por otra parte, el Departamento de Agricultura indica que sólo en el último año se registraron al menos seis incidentes en los que las aves pudieron causar la caída de un avión.

Otros casos anteriores

El primero de ellos ocurrió en enero del año pasado cuando una lechuza fue tragada por el motor de un Boeing 747 que despegaba del aeropuerto de Louisville, en el estado de Kentucky. Dos meses después un Airbus 318 hizo impacto en una bandada de gansos a pocos kilómetros del aeropuerto internacional de Denver, Colorado.

El 20 de junio del año pasado, un halcón fue tragado por el motor de un Boeing 747 que tuvo que regresar de emergencia al aeropuerto de O'Hare, en Chicago después de desprenderse de todo su combustible.

Un mes después entre dos y 10 gansos hicieron impacto en un avión Learjet 60 que despegaba de un aeropuerto de Nueva Jersey obligando al piloto a abortar el despegue.

Los dos últimos casos ocurrieron en septiembre del año pasado, uno de ellos cuando una bandada de cigüeñas hizo impacto contra un Boeing 767 que despegaba del aeropuerto internacional de Orlando, en el estado de la Florida.

Diez días antes, un grupo de palomas había sido absorbido por uno de los motores de un MD-88 que salía del aeropuerto de Atlanta en el estado de Georgia. El motor resultó totalmente destruido y la nave realizó un aterrizaje de emergencia.

Según el sitio en internet, aunque algunas aves, como los pájaros, son esencialmente livianos, la velocidad del choque puede provocar grandes daños a un vehículo que avanza a gran velocidad. "En la mayoría de los casos, el impacto de un ave en un motor puede anular de inmediato la capacidad de vuelo de un avión", según añade.