Un nuevo experimento demuestra que los seres humanos estamos dispuestos a torturar si así se lo pide una autoridad

Torturado en Irak


Un nuevo experimento demuestra que somos capaces trasgredir nuestros códigos morales si nos vemos amenazados. La prueba consistía en que los voluntarios debían aplicar lo que creían que eran dolorosas descargas eléctricas a otros voluntarios. El experimento original, publicado en 1963, fue llevado a cabo por el profesor Stanley Milgram, de la Universidad de Yale.

Cincuenta años después de la primera "prueba Milgram", un experimento de 1963 para calibrar el nivel de obediencia del ser humano a reglas que cotradicen sus valores morales, científicos estadounidenses se ha dado a la labor de repertirlo. La conclusión, la misma que entonces: la gente sigue dispuesta a infligir dolor a los demás, si se lo pide una autoridad.

La prueba consistía en que los voluntarios debían aplicar lo que creían que eran dolorosas descargas eléctricas a otros voluntarios (que eran en realidad actores), cuando eran incitados por una figura de autoridad. Los investigadores de la Universidad de Santa Clara, en California, encontraron que aún cuando los actores daban (falsos) gritos de dolor, el 70% de los participantes estaban dispuestos a aumentar el voltaje de las descargas.

Las tasas de obediencia de los participantes fueron ligeramente menores que las del experimento Milgram, dicen los autores en American Psychologist, la revista de la Asociación Psicológica Estadounidense, informa BBC.com.

"Al conocer el trabajo de Milgram, la gente a menudo se preguntan si hoy en día los resultados serían distintos", explicó el doctor Jerry Burger, quien dirigió el nuevo experimento. "Muchos creían que, después de las lecciones del Holocausto, ha habido una mayor conciencia social sobre los peligros de la obediencia ciega".

"Pero lo que encontramos fue que los mismos factores situacionales que tuvieron un impacto en la obediencia en el experimento de Milgram, siguen operando hoy en día", agregó el científico. El experimento original, publicado en 1963, fue llevado a cabo por el profesor Stanley Milgram, de la Universidad de Yale.